Date: Fri, 14 Aug 2009 20:24:27 -0300
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Subject: RESTEMPLI LXIV
R E S T E M P L I
Nº LXIV (15/08/2009) - AÑO Nº VIII
A.T. DCCCXCI
El boletín no periódico de noticias y actualidad de la Orden del Temple
Por la Unidad, Fortaleza y Fraternidad de la Orden Soberana y Militar de Jerusalem
n.n.D.n.n.
© 2001 - 2009 Asociación Orden de los Caballeros Templarios. Pers. Jur. 994/03
Reservados todos los derechos. Se autoriza la reproducción de esta obra citando la fuente. Las notas firmadas no representan necesariamente el pensar del Priorato General de Argentina.
Índice
- El Oraculo de las Virtudes
por: Fr+ Marcelo Villar
Caballero Templario y Docente
El Oraculo de las Virtudes
por Fr+ Marcelo Villar
Para Docentes (Con aplicación práctica para escuelas).
En esta pequeña obra, mi objetivo como docente en un camino espiritual, es que en el aula aparezca y se reflexione sobre las pautas básicas de convivencia; que se carguen de sentido palabras tales como AMIGO, COMPAÑERO, HUMILDAD, FRANQUEZA, PIEDAD, JUSTICIA, GENEROCIDAD, RESPETO, AMOR, NOBLEZA, Etc.; así también, que estas palabras, se nombren, se escriban en cuadernos, más aun, en carteles, y se representen hasta donde el juego y la imaginación alcance.
Fue pensada desde su origen para ser una herramienta escolar, donde el/la docente ocupa un rol central. Ideada para que se trabaje la lectura, con dos aliados imprescindibles en este caso, la oralidad y el intercambio de opiniones e ideas.
Confiando en que los docentes en general, profesores y trabajadores comunitarios, hoy por hoy, son quienes más hacen por re-ligar, por volver a unir, por rearmar la redes vinculares, en definitiva, son quienes intentan dar a sus semejantes un sentido y lugar en el mundo, es que dejo en sus manos El Oráculo de las Virtudes. Por ello, ustedes sabrán aprovechar o no las actividades que están en las últimas paginas, o modificarlas según sus necesidades y las del grupo.
Por ultimo, es la intención de la Asociación que hizo posible este trabajo y la mía, dejar en claro que estos Valores Humanos no son "reglas frías" que pretenden justificar y justificarnos externamente en un simulado "deber Ser". Sí creemos que estos valores o virtudes, FRATERNIDAD, GENEROSIDAD, HUMILDAD, ETC. valen la pena experimentarlos como elementos constructivos y gratificantes de las relaciones humanas, y como componentes vitales en una real evolución del sujeto y la sociedad.
Hace muchos, muchos años, había un castillo donde vivían unos Caballeros, de esos que peleaban con espadas y tenían escudos y andaban a caballo. Bueno este castillo era hermoso, hecho con piedras muy grandes y blancas. Estaba junto al mar, rodeado de jardines floridos. Pero lo que mas llamaba la atención era su torre, muy grande y alta, y un fabuloso mástil. El castillo era visitado por gente que venía de lugares lejanos. Quienes visitaban el castillo sabían que allí se guardaba un secreto, un gran misterio. Se comentaba en el pueblo, del otro lado del bosque, que ese misterio era un tesoro enorme, otros decían que fabricaban allí espadas mágicas a las que nadie podía vencer, otros manifestaban que había un caballo blanco que hablaba, y hasta algunos dijeron haber visto salir barcos con guerreros fantasmas que vivían en el castillo.
Pero todo eso era mentira. La gente que visitaba el castillo sabía cual era el misterio, el secreto de los Caballeros. Allí en la torre, muy bien cuidado, estaba el Oráculo de las Virtudes.
Un Oráculo es un lugar medio escondido, a veces en las montañas, o dentro de alguna cueva. En ese lugar pasa algo mágico; si una persona al entrar en el Oráculo hace una pregunta de algo que le preocupa, o cualquier cosa que quiera saber el Oráculo le responde.
Al hacer una pregunta en él, se escuchaba una voz que respondía, y la persona se iba contenta porque… el Oráculo nunca se equivocaba. Era en la parte más alta de la torre donde estaba el Oráculo. Uno tenia que subir la escalera en forma de caracol, compuesta de numerosos escalones. Finalmente se entraba a una habitación que en su piso había una enorme estrella de piedra. La estrella era de ocho puntas, y cada extremo señalaba una palabra tallada: GENEROSIDAD, FRATERNIDAD, COMPASION, JUSTICIA, FRANQUEZA, HUMILDAD, VALOR y LEALTAD.
En el centro de dicha estrella también había una palabra tallada con letras de oro: NOBLEZA.
Se dice que el Oráculo de las Virtudes era el más bello y sorprendente de todos los Oráculos de la antigüedad. Imagínense: Uno tenia que subir por las escaleras en caracol pensando en lo que le preocupaba, en aquello que iba a preguntar, luego entraba en la habitación medio agitado de tantos escalones y veía esa enorme estrella de piedra sobre el piso, y, ¿saben qué?... en el centro donde estaba tallada la palabra NOBLEZA, te aguardaba una mujer sonriente, de vestido blanco y capa azul. Cuando la mirabas por primera vez sentías como unos golpecitos en el corazón. En su cintura un cordón dorado apretaba apenas una espada. Era la "Gran Dama". En ese momento, tenias que hacer una pregunta. Entonces luces de colores recorrían la estrella y una luz dorada iluminaba a la hermosa mujer; la estrella se desprendía del suelo y comenzaba a girar. De repente la Gran Dama desenvainaba su espada y señalaba una de las Virtudes, por ejemplo VALOR, en ese momento las luces desaparecían. Con una voz resonante, la Gran Dama comenzaba a hablar del VALOR y así contestaba la pregunta.
***
GENEROSIDAD
Una vez un viejito que había venido caminando desde muy lejos, quiso hacerle una pregunta a la estrella de piedra y a la Gran Dama, es decir, al Oráculo. El anciano que esta"La GENEROSIDAD es una de las Virtudes de los Caballeros de este Castillo. Sé generoso, comparte lo que tienes con aquellos que lo necesitan. Piensa en lo que realmente no te es útil y regálalo. Dar a los demás te hará feliz".
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FRATERNIDAD
Una vez llegó al Castillo un barco, pues el Castillo estaba junto al mar. Eran guerreros que venían del Japón, llamados Samuráis. Eran como Nobles Caballeros, lo que ocurre es que en Japón los llamaban así, Samuráis. ¡Quién sabe cómo se enteraron del Oráculo de las Virtudes! Los Caballeros del Castillo y los Guerreros Japoneses se hicieron amigos. Aunque hablaban distinto idioma, entre las reverencias de saludos y los apretones de mano, sintieron amistad en sus corazones.
Tres de estos visitantes pidieron entrar al Oráculo. Estos tres guerreros estaban entre ellos muy enojados, porque se peleaban por un bosque que les había regalado su Señor. Cada uno decía que el bosque le pertenecía por haberlo servido mejor a su Señor. Entonces le preguntaron al Oráculo: "¿Quién de los tres merece ser el dueño del bosque?" La Gran Dama señalo con su espada la palabra FRATERNIDAD y dijo:
"La FRATERNIDAD es una de las Virtudes de los Caballeros de este Castillo. Ese bosque es una parte de la patria que ustedes tanto quieren, como tantos ríos, lagunas llanos y montañas. Mucho mejor que dueños de esas tierras seria si fueran sus custodios. ¿Es más noble para un Samurai el poseer árboles, arroyos y animales, que el ser cuidadoso y defensor
de aquello que la Naturaleza nos ha dado? Sean hermanos y a partir de ahora, siéntanse fraternalmente unidos entre ustedes guerreros Samuráis, también entre ustedes y los árboles, los montes, los ríos, la tierra y el cielo."
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JUSTICIA
Una vez, un hombre golpeó la gran puerta del castillo pidiendo socorro "¡Abran la puerta nobles Caballeros que quieren matarme! ¡Ábranme, se los suplico!"
Resulta que era nada más y nada menos que un Rey, que gobernaba un país entre las montañas. La gente que allí vivía sufría mucho, porque era un Rey bastante malo. Los hacía trabajar todo el día en sus sembradíos, en su castillo, cavando zanjas o cortando leña. En fin, toda la pobre gente del pueblo eran sirvientes de aquel Rey malvado. Él solo les daba a cambio una pequeña parte de lo que cultivaban. Tampoco cuidaba de sus propios soldados y caballeros, los trataba con indiferencia y deshonor. Un día la gente se cansó. Con antorchas, entraron llenos de odio al castillo. Todo ardió en llamas. El Rey, como un cachorro asustado, pidió ayuda a los Caballeros Custodios del Oráculo de las Virtudes.
Los Caballeros, aunque conocían su historia de Rey injusto y cruel, curaron sus heridas y le dieron comida y descanso.
Luego de esto, desde la torre se oyó la voz de la Gran Dama: "¡Que venga a mi el que fue Rey! ¡Quiero hablar con él!"
Y así fue. Cuando este Rey entró al Oráculo, miró unos segundos a los ojos de la Gran Dama, se arrodilló y empezó a llorar como un niño. Repetía diciendo: "¿Qué ha pasado con mi magnifico reino? ¿Cómo me hicieron esto a mi?"
Estas quejas eran preguntas y como eran preguntas el Oráculo comenzó a trabajar. Esta vez aparecieron rayos de color violeta que caían sobre las puntas de la estrella que giraba.
Mientras tanto, sobre el círculo del centro donde estaba escrita la palabra NOBLEZA, quieta en su lugar, la Gran Dama
entrecerró sus ojos, como dando a entender que algo le preocupaba. De repente, cortó el aire con su espada y señalo la palabra JUSTICIA. Con una voz que hizo temblar al derrotado Rey, no por enojada, sino por sonar dulce y calma, la Gran Dama respondió:
"La JUSTICIA es una de las Virtudes de los Caballeros de este Castillo. Creíste que el mundo era tuyo. No has demostrado honor por ser Rey, ni por cuidar a tu gente. Querías poseerlo todo. Deseabas que la vida entera, toda la Naturaleza, te obedeciera. Pero tú solo eres un engreído, que hace sentirse a los demás pequeños, para creerte que eres grande. Has dado crueldad por eso recibes ahora crueldad. ¡Qué injusto has sido con la gente que te ha servido! ¡Vete ya! Busca a tu familia y ocúpate para que tus hijos sean Nobles Caballeros. Si logran por ello amar al prójimo, seguramente algún día recuperaran tu reino y habrá JUSTICIA"
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COMPASION
Una vez, una niña de unos diez años llego acompañada de su padre campesino. La niña estaba muy triste y angustiada. Los padres al no saber como consolarla decidieron consultar al Oráculo de las Virtudes.
Esta niña tenía hermosas palomas blancas. Las criaba y las cuidaba con gran amor. Pero algo había pasado que desesperaba a la niña. Resulta que cerca de su casa, en la cueva de una montaña, vivía una familia en rebeldía con el Rey. Eran muy pobres, y se dedicaban al robo. Esta familia contaba con pequeños hijos, que habían robado a sus palomas. A pesar de las protestas que hicieron a soldados del reino, los chiquillos mal cuidados y educados por sus padres, lo volvieron a hacer dos veces más. La niña pregunto a la Gran Dama: "¿Quién puede ayudarme a darle a aquellos niños un buen castigo, y luego mandarlos lejos?… ¡Lejísimos!"
La estrella se elevo girando, aparecieron luces verdes y doradas. Apareció un fuerte viento que levantó la capa azul de la Gran Dama, quién rápidamente sacó su espada pasando a señalar la palabra COMPASION. La hermosa mujer, de rostro de ángel y mirada enérgica, habló así:
"La COMPASION es una de las Virtudes de los Caballeros que viven en este Castillo. Estos pobres niños dañan y roban porque están llenos de hambre y de rabia. Sé compasiva con ellos. Trata de comprenderlos, ponte en su lugar. Enviaremos algunos Caballeros para ordenar las cosas.
Quizás con tu ayuda y la de tus padres, se pueda enséñales a cultivar la tierra para que no tengan hambre y también a criar palomas blancas para que disfruten de su belleza".
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FRANQUEZA
Una vez, llego de muy lejos un vendedor de telas. Este vendedor tenía un gran carro tirado por dos fuertes caballos. Llevaba toda su mercadería dentro de ese carro. Cuando llegaba a un pueblo, paraba su carro en la plaza, abría una enorme ventana que tenia este vehículo y comenzaba a llamar a su clientela gritando: "¡Vengan y vean! ¡Las mejores telas del mundo! ¡Nunca se gastan, nunca se rompen!"
También mentía, para llamar la atención: "hace poco le he vendido a todas las princesas que viven al sur, ¡y a los Reyes mas poderosos del mundo!"
Lo cierto es que usaba el engaño para que la gente le compre. Y así vivió muchos años. Pero se había cansado de andar con su carro de aquí para allá, de pueblo en pueblo y vendiendo rápido para que la gente no se diera cuenta que sus telas eran comunes y corrientes. Ahora, cerca de la vejez, vendía muñecos de madera en una feria de una gran ciudad.
Aunque a los niños les gustaban los juguetes que ofrecía, los padres de esos niños no compraban, ya que se acordaban cuando él mentía vendiendo sus telas. Por ello le preguntó al Oráculo: "¿Qué puedo hacer para ser un gran vendedor?"
En ese momento la estrella de piedra del Oráculo comenzó a elevarse, y como siempre, girando lentamente. La Gran Dama, meciéndose en la estrella con su falda acariciaba el piso, dando más brillo a la palabra grabada en oro, que era Nobleza. Estos brillos dorados por momentos iluminaban el rostro de la mujer que, como pudo notar el vendedor, ahora lo miraba enojada. La Gran Dama saco su espada y lo señalo a él. El vendedor se quedo duro, como de hielo. Ella,, entonces habló de este modo:
"La FRANQUEZA es una de las Virtudes de los Caballeros de este Castillo. Te hsa cubierto la deshonra por tanta mentira y engaño. Los falsos logran lo que quieren, pero esa suerte les dura muy poco. Siempre la mentira es descubierta y los farsantes terminan enredados en sus engaños. Cuando se descubre a los que engañan, pierden el respeto y se quedan solos. Es lo que te ha pasado a ti, vendedor de telas. Ahora, practica la FRANQUEZA; si dices la verdad y te muestras tal cual eres quizá no seas un gran comerciante, pera vivirás de tu trabajo y ganarás la respeto de la gente".
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HUMILDAD
Una vez, un caballero muy famoso por aquella época llegó al castillo y le gritó al guardia de la Gran Puerta sin saludo ni presentación de cortesía:
__ ¡Quiero ser uno de los Caballeros Custodios del Oráculo de las Virtudes!
El guardia lo miraba desde arriba, y aunque estaba muy lejos pudo ver bien al Caballero y su caballo. Le pregunto:
__ ¿Quién es el que grita? ¿Por qué no saluda como corresponde y me dice quién es?
__ Pero… pero, ¿Cómo puede ser que no me reconozca? ¡En todo el mundo hablan de lo gran caballero que soy! Recién nomás, por ejemplo, cuando pasaba por el pueblo la gente me aplaudía y hacia reverencias –dijo el visitante con risa burlona.
Y luego agregó:
__ Eres un guardia impertinente y atrevido ¡Yo soy mucho más que un hombre! ¡Soy el gran Caballero del Bosque de Piedra del País del Norte!
Apenas dejo de hablar, el que decía ser un "gran Caballero" se asustó por el tronar de gigantes maderos; era la Gran Puerta que comenzaba a abrirse. Ofendido el antipático, pretendió entrar con su caballo pero una enorme fosa llena de lodo y de sapos negros lo separaba de la verdadera puerta al Castillo, cubierta por un puente, que descendía sobre la fosa. Rápidamente, tres Caballeros salieron de la fortaleza y cruzaron dicho puente para recibir al visitante.
__ ¡Oh! Gracias Caballeros por recibirme, soy el gran Caballero del Bosque de Piedra y…
__ Sabemos quien eres. Te conocemos tanto que estamos seguros que no eres un "gran Caballero" –dijo uno de los hombres.
__ Pero ¿no saben las maravillas que he hecho con mi lanza y mi espada? –preguntó enojado el que se decía amo del Bosque de Piedra.
__ Alguien que dice ser "tan maravilloso" no tendría su caballo así, casi muerto de cansancio y de sed. Si nos permites, atenderemos primero al caballo. Se lo merece.
Con el rostro rojo de rabia y de vergüenza aceptó, asintiendo con la cabeza. De los tres Caballeros que habían salido del Castillo, dos entraron con el caballo. Impaciente el visitante pregunto:
__ ¿Y cuando podré entrar a dialogar con tu superior? Quiero ser uno de los Caballeros Custodios del Oráculo de las Virtudes.
__ En nuestro Castillo las reglas son muy simples, pues si hablas con un Caballero, hablas con todos –dijo con calma el Caballero del Oráculo. La NOBLEZA de corazón nos ordena y nos guía. Además, para entrar deberás darme tu lanza y tu espada. Y una cosa más, "señor", para ser Custodio del Oráculo…
En ese momento un rayo azul con un fuerte ruido cayó sobre el mástil de la torre del Oráculo. El Caballero del Bosque de Piedra se agachó lleno de miedo. Luego, toda la torre quedó iluminada de un resplandor, que por momentos era azul y por momentos violeta. El caballero, asustado, quedó con la boca abierta del asombro y tartamudeó:
__ ¿Qué… ha pasado, que…?
__ Silencio –lo retó el Caballero del Castillo. Va a hablar nuestra Gran Dama.
Nuevamente una voz de trueno se hizo oír. La Gran Dama hablo: "Que venga a mi el que se cree grande"
El Caballero del Bosque de Piedra entregó sus armas al Caballero del Castillo, y sintió por un momento que ya no era tan maravilloso hombre como pensara.
Lo llevaron donde estaba la Gran Dama. No tuvo el honor de subir la escalera en espiral de la torre donde esta el Oráculo. La Gran Dama lo esperaba en donde los aprendices lavaban las ropas de los Caballeros, estaba sentada muy entretenida bordando con hilos plateados una manta para caballos. El Caballero del Bosque de Piedra no sabía que la Gran Dama era la Voz del Oráculo que respondía con sabiduría cualquier pregunta. Tampoco sabía que esa mujer que cosía con una sonrisa encantadora era la persona más querida, más respetada y más importante del Castillo.
Impaciente y aún algo ofendido, el presumido tuvo que esperar a que la Gran Dama diera la última puntada.
__ No sabes quien soy, a pesar que te hablaron de mi –dijo la hermosa mujer.
El Caballero del Bosque de Piedra al mirarla a los ojos recordó que le habían comentado que el Oráculo era una estrella de piedra y una gran señora.
__ Perdón, respetable señora – dijo el caballero haciendo una reverencia. Es que yo…
Entonces la Gran Dama lo interrumpió y comenzó a hablar:
"La HUMILDAD es una de las Virtudes de los Caballeros de este Castillo.
Deja de hablar siempre de ti. Solo tienes ojos y corazón para tu supuesta grandeza. Sabemos que has derrotado a muchos enemigos con tu espada, que eres muy buen jinete, que tienes excelente puntería con la lanza, que puedes cabalgar soportando la armadura más pesada y que has
sido vencedor en muchos torneos de Caballería. Pero también sabemos que, lleno de soberbia, has cortado todas las ramas de un árbol con tu espada, sólo para que aplaudan por tu fuerza. También sabemos, y nos llena de vergüenza, el porqué te haces llamar Caballero, ya que con tu lanza has matado a un bello pájaro de tu país para demostrar tu puntería. Además, y sé muy bien lo que digo, tu caballo no quiere volver contigo.
Ya no eres un Caballero. Solo eres un hombre lleno de egoísmo. La HUMILDAD es la Virtud que debes aprender. Si lo quieres, te puedes quedar en este Castillo como escudero. Quizás algún día seas nombrado Caballero Custodio del Oráculo de las Virtudes".
***
VALOR
Una vez los guardianes de la Gran Puerta, que vigilaban el lugar sobre el muro, desde muy alto, observaron que a lo lejos una mujer con tres niñitos caminaban hacia el Castillo. Los guardianes pudieron ver que lo hacían muy lentamente, quizá cansados por el viaje. Además, por sus ropas sucias y rotas se dieron cuenta que vagaban desde hacía mucho tiempo.
Al llegar al Castillo la mujer pidió ayuda: "Necesito un lugar donde cuiden a mis hijos". Inmediatamente los hicieron pasar. Los Caballeros, avisados por los guardias, ya tenían preparada una rica comida. La mujer y sus hijos después de un baño caliente, disfrutaron de ropas limpias y camas cómodas. Como estaban muy fatigados durmieron todo un día completo.
Cuando ya estuvo recuperada y con fuerzas, la mujer contó a los Caballeros su historia: Ella vivía con sus hijos y su esposo en un hermoso lugar. Su cabaña, según contaba, era grande, colorida y alegre. Estaba en una pradera rodeada de un jardín repleto de flores. Un río pasaba cerca de la casa. Tenía una huerta y algunas vacas. Un día, llovió muchísimo, llovió tanto pero tanto, que el río comenzó a crecer y a crecer cada vez más. La familia comenzó a prepararse para escapar al pueblo, por que tenían miedo que se inundara la casa. El esposo salio con el caballo para arrear las vacas hacia una loma. Pero en ese momento un torrente de agua mezclado con barro, ramas y troncos que bajaba por el río, arrolló a las vacas, al caballo y al hombre. La mujer vio lo que había ocurrido. Desesperados y rendidos por el miedo lloraron abrazados en un rincón de la vivienda. Mientras tanto, la corriente del río se acercaba a la casa. Al poco tiempo el agua empezó a chocar contra una pared. Eran olas de barro y rocas que hacían crujir las maderas de la cabaña, que rechinaban amenazando con quebrarse. Hasta que de repente, algo tiró la puerta abajo, todos saltaron de susto por el gran golpe. Pero era alguien que los vino a recatar; era el caballo de su esposo. Rápidamente montaron el caballo y huyeron de la casa. Por suerte lo hicieron a tiempo porque la fuerza del agua destruyó la casa. Así, después de haberlo perdido todo y muy tristes por la muerte del padre, los niños y su madre vagaron sin rumbo. Recorrieron varios pueblos pidiendo ayuda, pero solo algunas veces les daban algo de comida y un lugar para pasar la noche. Además, para colmo de males, unos bandidos les robaron el caballo. Por suerte en uno de los tantos caminos encontraron unos Monjes que les dieron refugio en un pequeño templo de rocas que estaban construyendo. Ellos les aconsejaron buscar a los Caballeros del Oráculo. Por eso, la madre, con sus desvalidos hijos a cuestas, llego hasta allí.
Esta es la historia que relató la mujer en el Castillo. Así repuestos, pasaron dos días y dos noches disfrutando de la hospitalidad de los Guardianes del Oráculo. Al tercer día uno de los Caballeros se acercó a la mujer y le dijo que debían abandonar el Castillo y emprender un nuevo camino. La mujer se sintió muy triste ya que no sabía que iba a hacer de su vida. Como ultima ayuda, el Caballero le propuso consultar al Oráculo.
Al entrar en la sala vio asombrada a la Gran Dama, en el centro de la estrella de piedra, con su capa azul y su vestido blanco. Aferraba con las dos manos su espada apoyando la hoja en su frente. Tenía los ojos cerrados y su rostro parecía encantado por un sueño dulce. La espada despedía pequeños destellos de luz por momentos azules, por momentos blancos. Todo en un profundo silencio. Hasta que la mujer pregunto:
"Gran Dama, quiero preguntarle al Oráculo… ¿Cómo haré para seguir viviendo?"
La pregunta retumbó con enorme eco en el salón de las revelaciones. La Gran Dama seguía quieta con la espada apoyada en su frente y los ojos cerrados. Excepto ella, la estrella comenzó a girar. En ese momento entró por una de las ventanas un colorido pájaro, que fue directamente a posarse sobre la cabeza de la Gran Dama. Dando algunos saltitos descendió por sus rizos hasta ubicársele sobre los hombros. El pájaro no cesaba de observar todo en detalle, inclinado su cabeza de un lado hacia el otro, como sorprendido por el resplandor de la espada sobre los cabellos de la Gran Dama. Rápidamente, el ave enredó un cabello en su pico, revoloteó hasta arrancarlo de su raíz y salió de la torre. Fue entonces cuando la responsable del Oráculo abrió sus ojos y señaló con su espada la palabra Valor, que estaba grabada en el suelo. La estrella se detuvo y la Gran Dama comenzó a hablar:
"El VALOR es una de las Virtudes de los Caballeros de este Castillo. Menudo trabajo tendrá esa ave si hace su nido con piezas tan pequeñas y frágiles como un cabello. Todos los años repite semejante esfuerzo para construir algo que no es para ella, sino para sus débiles pichones. Quizás lo más fácil para esa ave seria optar por un nido ya usado o buscar otro escondite, en vez de tejer un nido suave. Ella elige el camino más difícil, el más trabajoso. ¿Sabes porqué? Por que sabe que puede hacerlo, no es para ella un problema. Los animales, querida Señora, no piensan, actúan. ¿Recuerdas el caballo que los salvó luego de luchar contra la corriente? Pues bien, ese valiente animal hizo lo propio. Pero las mujeres y los hombres piensan demasiado, además dudan si hacer esto o lo otro. Tienen miedo y quieren escapar o esconderse, lo mismo que tú quieres hacer con tus hijos. Si no enfrentas tus miedos, ellos te dominarán paulatinamente hasta paralizarte. El VALOR es Esfuerzo, y sin Esfuerzo no se consigue nada de lo deseado. Aunque tengas miedo, VALOR es ponerte en acción para enfrentar los problemas, es dejar de dudar sabiendo que podrás hacerlo".
***
LEALTAD
Una vez, una gran tormenta cayó sobre el Castillo. El mar agitado daba temor con solo mirarlo. Las olas al chocar subían hasta las primeras piedras del Castillo. Fuertes vientos con lluvia golpeaban contra los guardias que cumplían con valentía su trabajo sobre los muros. Los Guardias eran Caballeros muy bien entrenados que podían enfrentar la lluvia, el frío, o el calor sofocante sin dejar de tener siempre la mirada profunda y el oído atento, por si algún peligro amenazaba al Oráculo. Así fue como uno de los Guardias, quien vigilaba sobre el muro que daba al mar, pudo ver un barco luchando en el agua encrespada. El barco y sus tripulantes estaban en peligro, porque el mar embravecido podía empujar la embarcación contra las rocas de la costa. Antes de dar aviso, el guardia se detuvo unos instantes para intentar ver mejor; quedó más que sorprendido, tan sorprendido que no creía lo que estaba viendo. La vela mayor del barco tenía un dibujo conocido, dos Caballeros montados en un solo caballo. Bajó la escalerilla de madera tan rápidamente como pudo, luego corrió desesperado para pedir ayuda, y al llegar por fin a uno de los pasillos principales del Castillo, el corazón golpeaba su pecho, no tanto por la corrida, sino por saber quiénes eran los que estaban arriesgando sus vidas. "¡Caballeros Templarios se acercan por mar! ¡Caballeros Templarios se acercan por mar! ¡Barco en peligro!", gritó con todas sus fuerzas.
Los Caballeros Templarios eran amigos de los Caballeros Custodios del Oráculo. Habían peleado juntos contra un ejército brutal y su jefe malvado. Como los Caballeros del Oráculo, los Caballeros Templarios también eran bravos guerreros, hábiles con sus caballos y expertos con la espada. Pero tenían todavía algo más importante en común: Tanto los Templarios como los Del Oráculo compartieron un Maestro que llamaban el Sabio de la Caverna. Con él aprendieron las Virtudes para llegar a ser Nobles Caballeros. Justamente por eso pelearon juntos, por que estos salvajes querían apoderarse de su caverna. Los tontos creían que en la caverna el Maestro Sabio guardaba poderes ocultos y misteriosos tesoros. Pero en ese lugar, en realidad había algo más valioso que un tesoro o un poder mágico. El Maestro de los Caballeros poseía una magnífica Biblioteca. Esos libros enseñaban cosas maravillosas. Por eso los Templarios y los Caballeros del Oráculo se unieron para proteger al Maestro y a su valiosa biblioteca. Desde aquellos días quedaron muy amigos, casi como hermanos.
Pero sigamos con el barco que estaba en peligro. Se acercaba cada vez más empujado por las grandes olas. El barco y los Caballeros Templarios, sin duda chocarían contra las afiladas rocas de la costa. Un grupo de Caballeros del castillo salió para ayudarlos. Luchando contra el viento, por momentos resbalando y cayendo entre las piedras, los Caballeros del Oráculo se acercaron a los peñascos azotados por las olas. Ahí pudieron comprobar con angustia, que el barco de sus amigos Templarios se haría pedazos en cualquier momento. Los Caballeros del Castillo trataban de pensar de qué manera salvar a esos hombres, pero no se les ocurría nada. Para colmo, el rugido del mar enfurecido y la tormenta se mezclaban con los gritos de los Templarios que se sumaban a otros gritos que venían desde el Castillo.
Y de repente, pasó lo inesperado: un poderoso oleaje verde colmado de espuma, levantó en vilo al barco y, como si se tratara de la mano de un gigante, lo arrojó contra la rocosa costa. El barco quedó trabado, y también destruido por debajo. Algunos Caballeros Templarios tuvieron tiempo de arrojarse fuera de la embarcación cayendo sobre las rocas, pero otros, por ayudar a sus compañeros se retrasaron. Fue allí cuando una nueva embestida del mar bravío, desparramó hombres y maderas por doquier. Los Caballeros del Oráculo se acercaron a rescatar a los heridos, pero nada podían hacer con los que luchaban por sus vidas en las aguas. Desesperados los Templarios en el mar trataban de aferrarse a algún madero que los ayudara a flotar. Solo un milagro podría sacarlos de allí. Los Caballeros del Oráculo y Templarios abrazados para darse coraje, pidieron con el corazón que se cumpliera el milagro. Y el milagro ocurrió: Dos escuderos con sus caballos salieron a gran velocidad del castillo, en sus cuerpos llevaban enredados sogas y redes de pescar. Detrás de ellos otro jinete los alcanzó; era la Gran Dama. La Gran Dama ya no tenía su vestido blanco con su capa azul, su ropa ahora era liviana y cómoda, y su pelo estaba recogido, como preparada para dar pelea. Al llegar al lugar del desastre, los escuderos y la Dama del Oráculo, aunque castigados por la lluvia y el viento, lanzaron con habilidad las redes cerca de los Templarios que estaban por ahogarse. "¡Tiremos todos de las cuerdas cuando yo lo diga!", gritó la Gran Dama. Los Caballeros que aguardaban en las rocas fueron corriendo a tomar los extremos de las sogas, inquietos aún, pero con esperanzas. En el mar los grandes guerreros habían perdido las fuerzas, tanto que no podían sujetarse a las redes. "¡Con toda nuestra fuerza! ¡Por nuestros Hermanos Templarios!, vociferó la Gran Dama. Así las redes envolvieron a hombres, maderas y también a algunos peces.
Por suerte todos quedaron con vida. Ya en la costa, aunque lastimados por las piedras, comenzaron todos a recuperarse de semejante aventura. La Gran Dama, con una sonrisa que ponía paz en los corazones, pidió que se reunieran. Ella se unió junto a los Caballeros y a los escuderos, y todos entrelazaron sus brazos por las espaldas hasta cerrar un círculo. La lluvia caía con más fuerza en ese momento, no podían verse muy bien por tanta agua en sus rostros, además rayos y truenos eran ahora muy violentos. Pero el círculo humano era feliz.
"La LEALTAD es una de las Virtudes que han aprendido del Sabio de la Caverna. Aquel que les enseño a no abandonar el camino de la Bondad. Por eso han unido sus fuerzas para ser algo más que hombres. Ustedes, queridos Caballeros, están comprometidos a ayudarse y a protegerse siempre unos a otros. No importa lo que ocurra, no importa cuando ni donde. Siempre serán compañeros unidos para defender las Virtudes de la Caballería. El amor por las Virtudes es lo que los une. Y cuando uno de ustedes esté feliz la felicidad será de todos, cuando cualquiera de ustedes esté triste, la tristeza será de todos, y cuando alguno de ustedes haga las cosas mal, ahí estarán todos para ayudarlo. LEALTAD es cuidar y respetar a aquel que comparte la vida con nosotros".
***
NOBLEZA
Luego del accidente de los Caballeros Templarios en el mar, los Caballeros Custodios del Oráculo de la Virtudes organizaron un gran festejo. Invitaron a mucha gente, especialmente a las Damas y Caballeros Templarios, y también a los guerreros japoneses llamados Samuráis. En ese grandioso día, todos disfrutaron mucho. Desde muy temprano se organizaron juegos, principalmente competencias a caballo que incluían torneos de combate con lanza y espada. Luego, acompañados por un grupo de músicos, mujeres y hombres jugaron a inventar canciones y a contar historias muy antiguas. Aprovechando el buen tiempo, los del Oráculo, los Templarios y los Samuráis, compitieron en el mar, cada uno con sus barcos, para ver qué nave era la más rápida. Pero nadie se enojaba por perder ni nadie fanfarroneaba por ganar, porque se habían reunido para festejar y pasarla bien. Al final del día, compartieron la cena de despedida, donde todo el mundo charlaba muy alegre hasta que la voz de la Gran Dama retumbó en la sala pidiendo silencio. El gran bullicio se apagó rápidamente. La Dama del Oráculo se puso de pié, alzó su copa y dijo:
"La NOBLEZA, es lo que queremos alcanzar los que habitamos este Castillo, y es lo que nos une hoy a todos nosotros. Hablo de la NOBLEZA de corazón, es decir, aquella que es la suma de todas las Virtudes: GENEROSIDAD, FRATERNIDAD, COMPASION, JUSTICIA, FRANQUEZA, HUMILDAD, VALOR y LEALTAD. El Oráculo ayuda a despertar en los corazones estas Virtudes. Damas y Caballeros propongo un brindis."
Todos los presentes se pusieron de pie y alzaron sus copas.
"¡Declaro este día como `Día de la Hermandad!
Brindemos para dedicar nuestras vidas a ser los más nobles, los más virtuosos, no para alardear ni para mostrarnos importantes. No busquemos ser nobles o virtuosos para nosotros, sino
con la finalidad de hacer y compartir un mundo mejor!"
*
FIN
ACLARACION: Dada la extendión del trabajo, hemos omitido lo referente a los trabajos prácticos; si hubiere templarios/docentes interesados en ellos, se solicita pedirlos al autor. E-mail: ayudantedereclutamiento@gmail.com
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